Escribir sobre alguien que acaba de morir es lo más complicado que hay, por lo menos para mi, ser fiel a la realidad y encima acertar con el adjetivo escogido. Pero hay que dar un golpe sobre la mesa que rompa la baraja de cartas de esta partida de mus. El órdago que pretendía dar la jugadora nata ,escondida tras las burbujas de la copa de balón de su gintonic y el humo de los cigarrillos que la difuminaban, era la jugada perfecta, pero contra un adversario insaciable e imposible de ganar. Una derrota asegurada aunque tengas las mejores cartas y los mejores compañeros de mesa. Lo que califica a esta rubia pequeña, risueña, elegante y fina es justamente la lucha. Hacer una descripción de los puestos que ha ocupado a lo largo de su carrera no me corresponde y no me apetece, aunque haya sido una profesional de una gran categoría y extremadamente apreciada entre sus compañeros de la Carrera Diplomática. Sin embargo, entre bambalinas, el telón del escenario del teatro se abre, ella reina y me permito compartir un pequeño acto. Si la vida es un gran teatro o una realidad ensayada, no habría mejor actriz que ella. Uno de los rasgos que calificaba a mi tía Cristina Barrios era su filosofía de vida, su capacidad para enfrentar la vida con optimismo independientemente de lo que nos acecha y a lo largo del guión no sólo lo disfrutaba ella sino el público, los amigos, la familia donde su maleta de viaje y de disfraces sacaba los mejores objetos: la alegría, el amor por la cultura y el deseo por la perfección. Los violines, las operas o las canciones malditas de la música de su escenario no sólo acompañaban a la élite del mundo en el que vivimos sino que además las hacía disfrutar a cualquier persona de su alrededor. Su don de gentes le permitía tratar por igual a cualquier persona independientemente de la clase social a la que pertenecía y si podía ayudarla lo hacía. Uno de los aspectos que más me ha emocionado recientemente es el número de anécdotas que me han podido contar sobre ella donde siempre en cada una de ellas sobresalía lo suntuoso pero con medida. Me despido de una gran actriz, de una aventurera, de una trabajadora incansable, de una apasionada de la vida pero sobre todo de una tía que te permitía rozar lo prohibido donde la locura no tenía cabida y siempre te llevaba a alcanzar tus sueños. Rubia te quiero.